sábado, 7 de octubre de 2017

DELIRIOS DE INDEPENDENCIA



No hay radio, televisión, periódico o cualquier otro medio que en estas últimas semanas no se haga eco a diario de lo que está ocurriendo en España con Cataluña.

Desde siempre a Cataluña se le ha visto en todo el territorio nacional como una región privilegiada. Gran cantidad de industrias y ayudas estatales por doquier se han ido para esa comunidad, mientras otros lugares de España languidecían y callaban ante lo que se veía.

Desde la muerte de Franco, no ha habido gobierno que no le haya aportado más dinero de lo normal o más poder que a otras autonomías. 

Los diferentes gobiernos del Estado han ido engordando poco a poco a esa región española porque a los diferentes partidos políticos que sustentaban esos gobiernos, les interesaba,  sin querer ver que el “monstruo” iba creciendo y engordando, hasta que llegó el momento que el Estado no pudo con el monstruo cuando este se reveló.

Los nacionalistas catalanes siguen exigiendo más poder, quieren más competencias, quieren más dinero y como no se les puede conceder,  han iniciado el proceso de independencia. Quieren romper con España, esa España a la que pertenecen desde hace muchos siglos, esa España que no es de ellos solos sino de todos los españoles. Y somos todos los españoles quienes tenemos el derecho y el poder de decidir sobre nuestra nación, no solo una región por muy poderosa que sea.

El Gobierno de España y todos los partidos políticos tienen que hacer un frente común ante este grave problema y decirles a los independentistas catalanes que ese proceso tiene que quedar anulado y que se lleve a cabo nuevas elecciones en esta comunidad.

El Gobierno español no puede permitir que una parte del territorio español se independice y menos ahora que hemos estado pasando por una grave crisis de la cual ya estamos saliendo y que nos ha costado a todos los españoles grandes esfuerzos, sudores y lagrimas.

En el año 1975 cuando el Caudillo se encontraba en las últimas horas de su vida, Marruecos aprovechó la ocasión ante la debilidad del Estado español para invadir el Sahara con la célebre Marcha Verde. Ahora ¿estamos ante otra Marcha Verde porque algunos han aprovechado la debilidad de España ante la crisis, para llevar a cabo sus delirios?

Las empresas que se están retirando de Cataluña hacia otras autonomías españolas lo dicen todo. ¿Quién pierde? El pueblo.

El pueblo somos nosotros, nuestros hijos y nietos. Los empresarios, la clase obrera, la clase obrera que tiene que levantarse todos los días temprano para ir a su puesto de trabajo si es que lo tiene. El pueblo es ese estudiante de cualquier universidad española que estudia gracias a las subvenciones del Estado. Ayudas que aporta el Estado pero que proviene de los impuestos que pagamos todos los españoles, todos, no una sola región y alguna región dirá que ellos aportan mucho más que otras, lógico, porque es más rica. Y ¿por qué es más rica? Pues porque el Estado se ha volcado más en esa región que en otras y porque al ser más rica, muchos españoles se han ido a trabajar a ese lugar y han llevado a sus familias y gracias a ese detalle, gracias a esa gente española que ha llegado a ese lugar, esa región ha podido crecer y ser ahora lo que es. 


sábado, 16 de septiembre de 2017

CONSTITUCIÓN DE USAR Y TIRAR



En estos casi cuarenta años que llevamos disfrutando de la democracia que los españoles nos hemos ganado a base de mucho esfuerzo, sacrificio y de tener que, en muchas ocasiones tragar sapos para que todo marche  bien, nos estamos dando cuenta de que algo no funciona. Algo falla en esta mal entendida libertad y  en los que muchos se arropan aludiendo a la Constitución.

Aquí usamos la Constitución como algo de usar y tirar. Cuando me beneficia, la uso y cuando no, la maldigo, empezando por muchos de la clase política.

En todo este tiempo, ha llegado a España grupos de políticos que lo único que han hecho es hablar mal de España de su bandera y de su himno. Para ellos España es el peor país del mundo, pero no desprecian el dinero que cobran por estar en las poltronas. Así mismo han aprovechado la ocasión para hablar mal o muy mal de la religión Católica que es prácticamente la que profesamos casi todos los españoles aunque España sea un país laico, importándoles una mierda la ofensa que pueden hacer a una inmensa mayoría de ciudadanos.

Cuarenta años cometiendo estas aberraciones y otros permitiéndolas, ha hecho que en nuestra España, poco o nada se sienta por estos símbolos, sobre todo por la gente más joven que se les ha infectado el cerebro con todo lo ruin porque al político o partido político de turno le ha convenido. Y si eso lo unimos a lo mal que andan nuestros niños y jóvenes en el tema de los estudios pues mal andamos.

Al pueblo cuanto más torpe, más fácil de dominar.

Silbar o abuchear el Himno Nacional, quemar nuestra bandera, quemar fotos del Rey, que alguien se disfrace de la Virgen o de Jesucristo… Todo eso a mucha gente le parece muy bien y lo aplauden y cuando se les reclama dicen que tienen  el derecho a la  libertad de expresión.
Y los que tenemos también derecho a la libertad de expresión y no nos parece bien estas ofensas, tenemos que callar, no podemos hablar, no podemos decir nada porque enseguida estos se sienten ofendidos y nos llaman fachas. Y lo peor, no tenemos a nadie que defienda nuestras ideas y formas de ser y pensar. Ningún partido político alza la voz cuando ven estas cosas. Ningún partido político alza la voz cuando ve que en nuestros colegios han retirado los crucifijos porque se puede ofender a otras religiones.

Así está España ahora mismo. Poco a poco se está deshaciendo sin que nos demos cuenta de ello, y esto a nivel político. Cuando en España veamos que a nivel religioso nuestras costumbres están en peligro, saldremos corriendo, pero será demasiado tarde.

No creo que con este escrito haya descubierto nada nuevo, todos sabemos que es así pero nos oponemos a creerlo y esperamos que el paso del tiempo lo arregle.

El tiempo pone cada cosa en su sitio, es verdad, pero cuando se está actuando con malicia, el tiempo no arregla nada si nosotros no hacemos algo por arreglarlo.